A mi sobrino Rafael Alejandro
Quiero dormir tan sólo
¿acaso es mucho?
me da miedo la noche
su quietud ....
su soledad, tal vez insospechada.
Quiero dormir tan sólo,
arrullarme en tu ofrenda
de niño bien amado
donde la paz existe
-todavía- .
domingo, 30 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
07-10-2011, fotografía en la presentación del libro Antología poética (sonetos) de Sacramento Rodríguez
domingo, 16 de octubre de 2011
Allí
Allí, donde lo etéreo
donde los dioses comparten la hermosura
donde la realidad no existe.
Allí, donde la gravedad retiene las palabras.
Sé que allí existe algo,
es, tal vez, el olvido o el deseo de amarte nuevamente.
donde los dioses comparten la hermosura
donde la realidad no existe.
Allí, donde la gravedad retiene las palabras.
Sé que allí existe algo,
es, tal vez, el olvido o el deseo de amarte nuevamente.
lunes, 3 de octubre de 2011
Con Toñi Gutiérrez
domingo, 25 de septiembre de 2011
Regreso a Ipagro (a Vicente Núñez)
"Quizás mis lentos ojos no verán más el Sur".
Luis Cernuda
Siempre mirabas al Sur
tan lejano y distante.
El Tuta era tu casa, como también la mía
en las tardes vacías, donde
hasta el traje es gris y ahonda la tristeza
bajo los pantalones.
Esperabas la copa, esa que nos hacía
evocar muchas veces los callados recuerdos;
mas, tu mundo era otro, no aquel que
conocíamos en escenas pasadas.
Tu mirada perdida
recorría callejones inhóspitos
mas una tristeza oculta se dejaba morder
entre las comisuras de tus rosados labios
ebrios por el licor del vino cotidiano.
Entonces, yo llegaba, como desparramando
mis poemas perdidos
bajo un cierto matiz de poeta olvidado.
No te importaba el niño que doblaba la esquina,
tampoco, el estridente ruido de taberna,
pues tu absorta mirada viajaba hacia otra parte.
Eras, como una estatua de cera que enamora
de fuera para dentro, irradiando quietud.
Parecías irreal, a no ser porque, a veces,
tu mano emuladora, dibujaba contornos
levantando la copa que acercabas al labio
también muy lentamente.
Yo envidiaba ese modo de evadirse del mundo.
Acaso permitías, que en tu profunda alma
habitara el olvido de vivir en el Sur.
Luis Cernuda
Siempre mirabas al Sur
tan lejano y distante.
El Tuta era tu casa, como también la mía
en las tardes vacías, donde
hasta el traje es gris y ahonda la tristeza
bajo los pantalones.
Esperabas la copa, esa que nos hacía
evocar muchas veces los callados recuerdos;
mas, tu mundo era otro, no aquel que
conocíamos en escenas pasadas.
Tu mirada perdida
recorría callejones inhóspitos
mas una tristeza oculta se dejaba morder
entre las comisuras de tus rosados labios
ebrios por el licor del vino cotidiano.
Entonces, yo llegaba, como desparramando
mis poemas perdidos
bajo un cierto matiz de poeta olvidado.
No te importaba el niño que doblaba la esquina,
tampoco, el estridente ruido de taberna,
pues tu absorta mirada viajaba hacia otra parte.
Eras, como una estatua de cera que enamora
de fuera para dentro, irradiando quietud.
Parecías irreal, a no ser porque, a veces,
tu mano emuladora, dibujaba contornos
levantando la copa que acercabas al labio
también muy lentamente.
Yo envidiaba ese modo de evadirse del mundo.
Acaso permitías, que en tu profunda alma
habitara el olvido de vivir en el Sur.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Con una doble piel
martes, 13 de septiembre de 2011
Ironía del tiempo
"Por qué voy a llorarme"
José Luis Hidalgo
Necesito mirarme a veces en un espejo
para saber que existo.
Pasan lentas y frágiles las horas
y algunas hasta mueren sin saberse vividas,
sin demora, sin precio, sin ajuste de cuentas,
sin vivir cada día.
Necesito pararme y encontrarme, vivirme
antes de que te digan: "le queda poco tiempo" o
"murió de un infarto la otra tarde".
Quizás dentro de nada ni el mismo viento sepa
que un día fuimos algo más que partículas
que se esparcen dispersas por parajes desiertos.
Por eso, mucho antes de sentirme juzgado,
necesito mirarme tal vez en un espejo
con la furia o la gloria de saberme vivido.
José Luis Hidalgo
Necesito mirarme a veces en un espejo
para saber que existo.
Pasan lentas y frágiles las horas
y algunas hasta mueren sin saberse vividas,
sin demora, sin precio, sin ajuste de cuentas,
sin vivir cada día.
Necesito pararme y encontrarme, vivirme
antes de que te digan: "le queda poco tiempo" o
"murió de un infarto la otra tarde".
Quizás dentro de nada ni el mismo viento sepa
que un día fuimos algo más que partículas
que se esparcen dispersas por parajes desiertos.
Por eso, mucho antes de sentirme juzgado,
necesito mirarme tal vez en un espejo
con la furia o la gloria de saberme vivido.
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